Hoy con IA
UtilidadFácil·19 de marzo de 2026

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Antes de enviar una propuesta, lo que más miedo da es no saber cómo la va a recibir el otro lado. La IA puede leerla como si fuera tu cliente más escéptico: señalarte en qué párrafo pierde el interés, qué precio le parece alto y qué objeción va a poner antes de que puedas responderla.

Qué necesitas tener a mano

  • Tu propuesta escrita (aunque sea en borrador)
  • Algo de contexto sobre el cliente: a qué se dedica, qué le preocupa, cómo es

Cómo hacerlo, paso a paso

  1. Abre ChatGPT, Gemini o Claude y pega tu propuesta completa.

  2. Antes de pegarla, dale el rol. Así:

ESCRÍBELE ESTO Voy a pegarte una propuesta comercial que tengo que enviar mañana. Quiero que la leas como si fueras el cliente al que va dirigida. El cliente es el dueño de una pequeña empresa de moda que ya ha trabajado con otros diseñadores web y ha tenido malas experiencias con presupuestos que se disparaban. Es desconfiado con los precios cerrados y le importa mucho saber exactamente qué incluye cada cosa. . Después de leer la propuesta, dime: — En qué momento pierdes el interés o te genera dudas — Qué precio o cifra te parece alto o poco justificado — Qué objeción pondrías antes de aceptar — Qué información echás en falta para decir que sí . Aquí va la propuesta: [pega aquí tu propuesta]

Cuanto más específico seas con el perfil del cliente, más útil es la respuesta.

  1. Lee las objeciones que te da. No tienes que estar de acuerdo con todas, pero si algo aparece como señal de alarma, vale la pena revisarlo antes de enviar.

  2. Si quieres ir más lejos, pídele que reescriba el párrafo que más dudas genera. Dile exactamente qué quieres mejorar y por qué.

Qué está pasando aquí

Cuando escribimos una propuesta, la leemos con los ojos del que la ha escrito: sabemos lo que quisimos decir. El problema es que el cliente la lee con otros ojos, los del que tiene que soltar dinero y no se fía. La IA es buena simulando ese cambio de perspectiva porque no tiene contexto emocional sobre tu trabajo: lee lo que está escrito, no lo que tú quisiste decir. Ese mismo patrón sirve para cualquier texto que vaya a ser juzgado por alguien con intereses distintos a los tuyos: un email difícil, un contrato, una queja formal.

Prueba esto hoy

Coge la última propuesta que enviaste, aunque ya esté mandada. Pégala con el rol del cliente y mira qué te dice. Casi siempre aparece algo que, en retrospectiva, tenía sentido cambiar. La siguiente la enviarás habiendo escuchado ya los noes.

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